—Es la verdad —insistió ella, pegando su espalda contra la barandilla de piedra del balcón—. No tengo ninguna intención oculta con usted, Duque. De hecho, planeo retirarme a mis tierras en el norte el próximo mes.
—Últimamente parece que nada de lo que hace es su intención —dijo Killian. Había una intensidad peligrosa en sus ojos que Eleanor no recordaba haber leído en ningún capítulo—. No era su intención enviarme ese ungüento para mis heridas de entrenamiento. No era su intención cruzarse conmigo en la biblioteca imperial. Y estoy seguro de que dirá que no era su intención mirarme justo como lo está haciendo ahora. —Es la verdad —insistió ella, pegando su espalda
—¿Buscando un escondite, señorita Eleanor? —una voz profunda, como el crujir de la madera fina, rompió su burbuja de tranquilidad. —Últimamente parece que nada de lo que hace
—Lamento informarle que su plan ha fracasado —susurró él contra su oído, haciendo que un escalofrío recorriera la columna de la joven—. Puede seguir repitiéndose que no era su intención seducirme. Pero ahora que lo ha logrado, no pienso dejarla marchar al norte. Ni a ningún otro lugar donde yo no pueda seguirla. No era su intención cruzarse conmigo en la
Eleanor casi derrama su copa de champán. Al girarse, se topó de frente con una mirada fija y dorada. Killian. El protagonista masculino. El hombre que debía estar obsesionado con la heroína de la historia y que, según la trama, debería ver a Eleanor con absoluto desprecio.